Un seguro de vida no se contrata para ti. Se contrata para que la gente que depende de tu ingreso no tenga que reinventar su vida el mismo mes que te está llorando.
Mucha gente llega pidiendo «un seguro de vida» cuando lo que necesita es otra cosa. Vale la pena separarlas antes de cotizar nada.
Protege el ingreso de quien depende de ti. La pregunta que define la suma asegurada no es cuánto quieres dejar, es cuántos años de tu ingreso necesitan para sostenerse mientras se reacomodan.
Casi nadie lo tiene y casi todos tienen su mayor patrimonio ahí metido. Cubre daños a la construcción, contenidos y responsabilidad civil frente a terceros.
Horizonte largo, aportaciones periódicas y un objetivo con nombre: el retiro, la universidad de un hijo, el enganche de algo. Sin objetivo con fecha, un plan de ahorro se cancela al primer apretón.
Si tu presupuesto solo alcanza para una cosa y tienes dependientes económicos, casi siempre el orden correcto es protección antes que ahorro. Un plan de ahorro que se cancela a los dos años pierde dinero; un seguro de vida que nunca se usó hizo exactamente su trabajo.
Se calcula, no se adivina. Sumamos tus deudas, los años de ingreso que tu familia necesitaría para reacomodarse y los compromisos con fecha, como colegiaturas. De ahí sale un número, y luego lo ajustamos a lo que puedes pagar sin ahogarte.
Al contrario: joven y sano es exactamente cuando la prima es más baja y cuando aseguras que un diagnóstico futuro no te deje fuera. La póliza se emite con tu estado de salud de hoy.
Depende de la suma asegurada y de tu edad. En muchos casos basta un cuestionario. Cuando sí se requiere, te lo digo desde el principio para que no sea sorpresa.
Cada producto se comporta distinto y es una de las cosas más importantes que debes entender antes de firmar. Te lo explico con tu caso concreto, no con un folleto.
Con eso y tus compromisos con fecha calculamos la suma asegurada que de verdad hace el trabajo, y luego la ajustamos a tu presupuesto.
Platicar por WhatsApp →